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Full text of "Con arma blanca : comedia en un acto y en prosa"

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2335 

ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO - DRAMÁTICA 






COMEDIA EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



MADRID 

MAYOR 16, ENTRESUELO 

1897 



Digitized by the Internet Archive 

in 2012 with funding from 

University of North Carolina at Chapel Hill 



http://archive.org/details/conarmablancacom2512guer 



CON ARMA BLANCA 



ADMINISTRACIÓN 

LÍRICO - DRAMÁTICA 






Y2f) I 




tft-i 



COMEDIA EN UN ACTO Y EN PROSA 



ORIGINAL DE 



DOMINGO GUERRA Y MOTA 



Estrenada con buen éxito en el TEATRO DEL DUQUE de Sevilla la noche 
del 7 de Diciembre de 1897 



SEVILLA 



Imp. de Francisco de P. Díaz, Gavidia 6 

1897 



REPARTO 

Personajes Actores 

ROSARIO Sra.D. a Pilar Coronado. 

LUISA Srta. D. a Amparo Astort. 

ADELA " " Florinda Bastos- 

CARLOS Sr. D. Robustiano Ibarrola. 

GASPAR ..*... " " Carlos Tojedo. 



Época actual 



Las indicaciones están tomadas del lado del espectador. 



Esta obra es propiedad de su autor, y nadie podrá, sin su 
permiso, reimprimirla ni representarla en España y sus pose- 
siones de Ultramar, ni en los países con los cuales haya cele- 
brados ó se celebren en adelante tratados internacionales de 
propiedad literaria 

El Autor se reserva el derecho de traducción. 

Los comisionados de la Administración Lírico-Dramática de 
los SRES. HIJOS DE D. E. HIDALGO, son los encargados exclu- 
sivamente de conceder ó negar el permiso de representación y 
del cobro de los derechos de propiedad. 

Queda hecho el depósito que marca la ley, ó inscripta la 
obra en el Registro de la Propiedad Intelectual. 



9 i/ar Coronado, ¿jSmparo ^fsforf 
T Iorinda gustos, <¡(obusfiano <§barrola 
y <§arlos ^ojedo. 



JVo sólo en el reparto Kan de ir vttestros 
nombres. Al colocarlos también, al frente 
de esta obrita, no hag'o otra cosa más que 
dar á vistedes xvna pequeña muestra de mi 
gratitud -por la excelente interpretación 
que hicieron de stis respectivos papeles. 

El Autor 



ÍiiíIiiííT 1 T j 

668586 



ACTO ÚNICO 



Gabinete decorado con lujo. Puerta al foro. Dos laterales á la derecha. Balcón á la 
Izquierda en primer término y puerta en segundo. 



ESCENA PRIMERA 



ROSARIO y LUISA 



Rosario 



Luisa 



Rosario 

Luisa 
Rosario 



Luisa 



Qué sorpresa tan agradable ha sido para mí tu carta. 
Yo creí que estabas todavía en el colegio de París. 
Tu anterior está allí fechada. 

Es verdad, pero hace tres meses que me encuentro en 
Madrid al lado de mi padre después de terminada mi 
educación ¿Y tú, vamos á ver, qué has hecho en tan- 
tos años? 

Pues no me he separado del lado de mamá. Ella es 
la que me ha educado y sé hacer algunas cosillas. 
Vamos, que serás toda una mujer de tu casa. 
Hace más de dos años que estoy al frente de ella.. 
Como mamá está tan achacosa, yo soy la que tengo 
que disponerlo y estar en todo. Y créeme que me veo 
y me deseo para distribuir bien la paga de papá. ¡Es 
tan corta! 

Pues aquí me tienes completamente aburrida. No sé 
lo que hacer. Como mi padre cada día gana más con 



sus negocios de banca, cada día está más engolfado 
en ellos y se me pasan semanas enteras sin darle más 
que los buenos días. Cómo sola, es decir, con el ama 
de gobierno. Una señora muy poco oxpansiva. ¡Qae 
me quiere mucho! según dice. Vaya usted á saber si 
á quien quiere es á mí ó al bonito sueldo que tiene en 
casa. 

Rosario Comprendo tu aburrimiento. Si yo no viese á mi pa- 
dre á cada momento, no sé lo que me pasaría. 

Luisa Ya te acostumbrarías como yo. Eso sí, tengo muchas 
relaciones, muchas amigas que me llevan y me traen 
y no me dejan reposo alguno, pero esto mismo me 
hastía, me cansa en extremo. Así es que, hoy día de 
mi santo, he dado orden de que no recibía á nadie, 
puesto que mi padre estaba ausente de Madrid, por- 
que quería estar sola; sola con ustedes, con mis ami- 
gos de la infancia, con mis verdaderos amigos. 

Rosario ¿Has dicho con ustedes? Pero dime Luisa, ¿quiénes 
son los otros? 

Luisa Adelita García y mi primo Carlos. 

Rosario (con mucha alegría.) ¿Están en Madrid? 

Luisa Si. Adela hace poco que salió del colegio del conven- 

to y mi primo es teniente de artillería y está ahora 
aquí de guarnición. 

Rosario ¡Adela! ¡Mi amiguita! ¡Y Carlos! ¡Todo un hombre ya! 
Qué ganas tengo de verlos. 

Luisa Pues poco ha de tardar en que suceda, porque el buen 
Gaspar, mi viejecito mayordomo, ha ido por ella y es- 
tarán para llegar de un momento á otro. 

Rosario ¿Gaspar? ¿Pero vive? ¡Qué me alegro! Qué bueno era 
y qué paciencia tenía dirigiendo nuestros juegos. Pero 
será muy viejo ya. Si hace diez años tenía el pelo 
blanco. 

Luisa Pues se conserva lo mismo que entonces. Es el único 
que no ha variado, porque nosotras bien nos hemos 
transformado. 



— 9 



ESCENA II 



DICHOS: ADELA y GASPAR 



Gaspar 

Luisa 

Adela 

Luisa 

Rosario 

Gaspar 

Luisa 
Gaspar 

Luisa 



Rosario 



Gaspar 

Rosario 

Luisa 



Rosario 
Gaspar 



(Dentro) Por aquí, por aquí hija mía. 

(Levantándose.) Ya están ahí. 

(Desde el foro, con timidez.) ¿Se puede? 

Sí, querida, adelante. 

(Corriendo á su encuentro.) ¡Adela, ¡Gaspar. 

¡Rosario! ¡Mi niña! ¡Qué hermosísima estás! (g e abrazan 

unos á otros.) 

Sentarse amigas mías. 

Luisita. Hoy me permitirás que me siente con uste- 
des, ¿no es verdad? 

¡Ya lo creo! Hoy tienes que estar al cuidado nuestro 
como hacías hace diez años. Hoy tú eres el que man- 
das y en nuestra comida, recuerdo de aquellas comi- 
ditas de nuestros juegos infantiles, presidirás la mesa, 
mi buen viejecito. 

Eso, eso y nos reñirás cuando sea preciso, de modo 
que ahora te colocas aquí. ( Lo Ueva hacia el sofá y con cariño 
hace que se siente en el centro. Luisa se sienta á un lado y Adela al 
otro. Rosario coge un alzapiés y se sienta delante de Gaspar.) y nos- 
otras á tu Jado. 

(con emoción.) ¡Mis niñas! ¡Qué buenas son y qué her- 
mosísimas! ¡Cuánto tiempo sin verlas Dios mío! ¡Gra- 
cias! ¡Gracias! 

Pero no vayas ahora á hacer pucheros ¿estás? Mira, 
mira Luisa ¡cómo llora! 

(Aparte.) Es todo corazón, (auo.) Vamos, Gaspar, cual- 
quiera que te viese diría que en vez de alegrarte te 
causa tristeza su presencia. No seas niño. 
¿A que vamos á tener que reñirte? 
No, no me hagan ustedes caso. Es la alegría, pero ya 
pasó, ya pasó. Vamos á ver, vamos á ver. ¿Qué ha 
sido de ustedes? ¿Son ustedes felices? 

2 



— 10- 

Rosario Sí, Gaspar; sí. 

Adela Todo lo que cabe en esta vida. 

Gaspar ¿Todo? ¿Tú estás segura de ello? 

Adela Todo, porque cada uno tiene lo que Dios ha dispues- 
to, y como lo primero es amar á Dios.... 

Gaspar Y al prójimo, ¿no es verdad? 

Adela También. 

Rosario Pues yo soy feliz hasta cierto punto, y creo que puedo 
tener más felicidad que la que hoy tengo. 

Gaspar ¿Sí? ¿Y cómo, chiquita? 

Rosario Pues casándome, y teniendo la suerte de que mi ma- 
rido fuese muy bueno y muy cariñoso, y.... 

Gaspar ¡Hola! ¡hola! Pero ya tendrás alguno que.... 

Rosario No, no tengo novio. Y tú, Luisa, ¿lo tienes? 

Luisa Tampoco. 

Gaspar Adela es la que no pensará en eso. Querrá ser esposa 
del Señor... 

Adela Te equivocas, Gaspar. Desgraciadamente no tengo 
vocación para el claustro, y como á Dios se sirve bien 
en todos los estados... 

Luisa ¡Mira, mira como nos ha engañado! Yo creía tam- 
bién... 

Rosario De modo que las tres tenemos el mismo modo de pen- 
sar; es decir, queremos casarnos, ¿por qaé hemos de 
ser hipócritas? Y si no ha sucedido ya es porque no 
se nos ha proporcionado. 

Gaspar (sonriendo)- El demonio es esta Eosarito. 

Rosario ¿Porque digo la verdad? 

Luisa Y así debe ser. ¿Por qué ocultarla? Su deseo es muy 
razonable. 

Gaspar ¡Y tan razonable! Pero dime, dime (a Rosario)- Algún 
pretendiente hay de seguro, ¿no es cierto? 

Rosario Te diré. En Valencia hace dos años que un joven me 
siguió en varias ocasiones. Era muy simpático y muy 
guapo. A mí me gustaba mucho, pero no llegó á ha- 
blar conmigo, y á poco trasladaron á papá y me quedé 
sin saber quién era. ¡Vaya un traslado inoportuno! 
Nunca he censurado los actos de un Ministro; pero, en 



Gaspar 
Rosario 

Gaspar 
Adela 
Luisa 
Adela 

Gaspar 
Adela 



Luisa 
Adela 

Gaspar 



Rosario 

Adela 

Gaspar 

Rosario 

Gaspar 



Luisa 
Gaspar 



— ií — 

aquella ocasión, maldita la gracia que me hizo. Pue- 
den ustedes creerlo. 

(Riendo.) Já, já, ¿conque te enamorastes, eh? 
Si, pero sin saber de quién, porque no le lie vuelto 
á ver. 

¿Y tú, Adela? 
Yo... 

Di la verdad. 

Procuro siempre decirla, porque mentir es un pecado 
muy feo, así es que... 

También te ba seguido alguno, ¿no es eso? 
Seguirme, no. Pero todos los días de fiesta, cuando yo 
bajaba á la capilla del convento para oir misa, babía 
siempre un joven junto á la reja, que me miraba. Y 
como me miraba con tanta insistencia, tuve por nece- 
sidad que fijarme en él, y, la verdad, no era feo. Yo 
procuraba no mirar por no distraerme del Santo Sa- 
crificio, pero una fuerza extraña me impulsaba á lle- 
var los ojos hacia la reja, y... nada más. 

¿De modo que tampoco llegaste á saber quién era? 
Me ocurrió como á Rosario. No supe quién era porque 
á los dos meses de esto no volvió á ir más. 
¡Vaya por Dios! Pues ha sido una coincidencia espe- 
cial. Las dos enamoradas de un fantasma que desapa- 
rece y... 

(con resolución-) Pero á mí no se me ha olvidado. ¡Vaya! 
(con timidez-) No, ni á mí tampoco. 
Pues aquí tienen ustedes á Luisita, que... 
Esta sí que tendrá... 

No, y eso que se la han presentado muy buenas pro- 
porciones. Pero ella dice que nones y no cree á nin- 
guno. Pero ya caerá, ya caerá, cuando menos lo 
piense. 

Si yo no digo que no, pero... 

El que no sabemos si estará enamorado es Carlos. Ya 
lo averiguaremos cuando venga. ¿No es verdad, Ro- 
sarito? 



— 12 — 

Rosario Sí, sí. Que haga confesión general, como hemos hecho 
nosotras. 

Adela ¿Pero va á venir Carlitos? 

Rosario (con alegría-) Sí, Adela. 

Luisa Mi primo Carlos comerá hoy con nosotras. 

Adela ¡Pero si ya será un hombre! 

Luisa Ya lo creo. 

Gaspar Y muy guapo, y muy guapo. ¡Vaya si lo es! 

Rosario (con alegría y decisión.) Yo estoy deseando verlo entrar. 
Le voy á dar un abrazo que... 

Adela (santiguándose.) ¡Jesús! ¡María! y ¡José! 

Luisa (a Rosario-) Muchacha, no tanto. , 

Rosario (con naturalidad.) Pero si nos queríamos como herma- 
nos. ¿Eso que tiene de particular? 

Luisa Las conveniencias sociales hay que guardarlas. ¿Qué 
se diría? 

Gaspar (ARosario.) Tiene razón Luisa. Hija mía, en este pica- 
ro mundo no se puede demostrar lo que se siente, por 
muy inocente que sea. Hay que ser un poco hipó- 
crita. 

Rosario Es verdad. Luisa, no sé lo que he dicho. 

Adela ¿Y va á comer Carlos con nosotros? 

Luisa Sí. Te alegras; ¿es verdad? 

Adela No, es que entonces yo no puedo comer con ustedes. 

Gaspar ¿Qué dices? 

Luisa ¿Por qué, Adela? 

Adela Porque Carlos ya es un hombre. 

Rosario Y nosotras unas mujeres. Eso ya lo sabemos. 

Adela Y no se debe... 

Gaspar ¡Muchacha! Déjate de escrúpulos. Ya ves qué diferen- 
cia, Luisita. El extremo contrario. 

Adela Es que puede luego querer jugar, como hacíamos an- 
tes, y... 

Rosario (con sencillez.) Jugaremos; eso que tiene de particular. 

Luisa Al tresillo, corriente. Cada edad tiene su clase de 
juegos. 

Gaspar Y si no te gusta ese, jugaremos al corro y yo con us- 
tedes. ¡Pues no faltaba más! Yo enmedio (Levantándose.) 



— 13 — 

y ustedes dando vueltas cogidas de las manos, y can- 
taremos como hace diez años, (cantando la tonadilla popu- 
lar en la niñez.) 

San Serení 

De la buena, buena vida, 

Hacen así, 

Hacen los niños chicos 

¡uá! ¡uá! ¡uá! 



ESCENA III 



DICHOS y CARLOS 



CARLOS (Aparece en la puerta del foro al tiempo de cantar Gaspar. Vestirá 
uniforme de teniente de artillería.) ¿Pero qué es esto? ¿Se ha 
vuelto loco Gaspar? (Entrando)- Prima, buenos días. A 
los pies de... 

ROSARIO (Aparte. Sorprendida.) ¡El de Valencia! 

ADELA (Aparte. Sorprendida ) ¡El de la reja! 

Luisa (a Carlos.) ¡Vaya uu saludo que haces á tus amíguitas! 

CARLOS (con estrañeza.) ¿A mis...? 

Luisa No ha conocido á ustedes. Te las presentaré, hombre, 

te las presentaré. Rosarito Gómez y Adelita García, 
tus amigas de la niñez. ¿Y ahora las recuerdas? 

Carlos ¡Ah! ¡Rosario! ¡Adela! Dispensen ustedes, pero... 
(Aparte.) Yo conozco estas caras. 

Rosario Eramos tan niñas que no es extraño que no nos co- 
nocieras. Digo, que no nos conociera V. 

Luisa ¿Pero qué tratamiento es ese? ¡Tuviera que ver! 

Carlos Es verdad. Rosario ya lo oyes, no debes sino tratar- 
me como antes, y tu Adela. 

Adela Yo... 

Gaspar (Ácarios.) ¿Qué te parecen mis niñas? (con alegría.) ¡Mi- 
ra, mira que dos mujeres! 

Carlos Muy lindas por cierto. 



-14- 



Adela 

EO SABIO 

Luisa 
Carlos 
Luisa ■ 



Carlos 
Gaspar 



Carlos 
Gaspar 



Carlos 



Muchas gracias. 
¡Carlos! 

No ha dicho más que la verdad, amigas mías. 
(á Luisa.) ¿Pero cómo ha sido esto? 
Quise sorprenderte como á Gaspar, y hoy, dia de mi 
Santo, sabiendo que se encontraban en Madrid, les 
he avisado para reunimos á comer como cuando éra- 
mos niñas. 

Una sorpresa en extremo agradable para mí. 
(con mucha alegría dirigiéndose á Carlos.) Aquí tienes, aquí 
tienes á tus antiguos soldados, á quienes mandabas 
como jefe. ¡Y cómo te obedecían! Parece que lo estoy 
viendo. Tú con una monterilla de papel y un sable- 
cito de hoja de lata, eras el general. Y ¡qué gritos de 
mando! ¡Qué algazara en el combate que dabais á los 
muebles! Cómo recuerdo todo aquello. Un día porque 
ésta, Rosarito, se quedó á retaguardia y no cumplió 
una orden tuya, le distes un sablazo, que, vamos, le 
hicistes daño. Un pequeño arañón en un bracito que 
yo, como médico de sanidad en aquellas peleas, tuve 
que curar con un pedacito de tafetán inglés. ¡Y qué 
cara más acongojada traía el soldado herido! (Remedan- 
do la voz de una niña.) ¡Ya no juego! ¡Ya no juego! me 
decía lapobrecita. Ya no juego y á los pocos minutos 
estaba otra vez en la brecha ascendida por tí á te- 
nienta y obstentando en su pecho la cruz roja del 
mérito militar que yo le coloqué, formándola de un 
pedazo de papel grana que hallé á mano. ¡Qué tiem- 
pos aquellos! 

Es verdad, Gaspar. Entonces también vivían mis pa- 
dres. Hoy estoy sólo en el mundo. 
Esta es la vida, hijo mío, y así hay necesidad de to- 
marla. Con sus alegrías y sus tristezas. Ya ves, hoy 
no podía yo calcular que iba á tener la dicha de estar 
con mis cuatro niños, y Dios ha querido darme esta 
felicidad. Mañana El sólo sabe lo que ocurrirá. 
Tienes muchísima razón, mi buen Gaspar. Hay días 
alegres en que todo sonríe, y hoy también es para mí 



— 15- 

uno de esos. Todo me sale bien y quiero recibir de 

ustedes la enhorabuena. 

¿Sí hijo mío? ¿Qué pasa? 

Pues que en el sorteo que se ha verificado ayer para 

las nuevas fuerzas que han de ir á la guerra de Cuba... 

(Con alegría.) ¿No te ha tocado? 

(sonriendo.) Sí prima, me ha correspondido en suerte. 

(Con tristeza.) ¡A Cuba! 

¡A la guerra! 
¡Vaya por Dios! 

¿Pero por qué lo sienten ustedes? Esto es precisa- 
mente lo que yo deseaba. Ir á pelear contra los ene- 
migos de su patria, es la aspiración del buen militar. 
¿Y si no, para qué visto este houroso uniforme? 
(Entusiasmado.) Tienes razón, Carlos, tienes razón. Yo 
te felicito con toda mi alma. ¿Quién sabe el porvenir 
que allí te aguarda, hijo mío? Así hizo su carrera tu 
padre, mi antiguo coronel. En África, y yo á su lado 
de corneta. Era un valiente combatiendo á aquellos 
malvados. Varias veces me salvó la vida. 
Pues sí, dentro de un par de días, me embarcaré. To- 
do está arreglado. Conque ¿merezco ó no la enhora- 
buena? 

Puede ser tu porvenir, como dice Gaspar. 
Si Dios lo ha dispuesto así, es porque te convendiá. 
Claro, pero esas cosas siempre se sienten. 
¡Qué demonio! ¿Por qué hemos de pensar que pueda 
ocurrirle algo malo? ¿Y si lo vemos volver de gene- 
ral? ¿Qué mayor alegría? Nada, nada, todos te damos 
la enhorabuena. No serán esos enemigos peores que 
los moros, y ya ven ustedes, á mi no lograron matar- 
me aquellos malditos. Cuando hablo de ellos, se me 
crispan los nervios. ¡Qué malos son! ¡qué malos! ¡Tie- 
nen hasta la poligamia esos herejes! 
Bueno, pues á pensar en el día de hoy y á celebrarlo 
como se merece. Prima, me vas á permitir que contri- 
buya á la comidita con mi óbolo correspondiente, co- 
mo hacía cuando niño. Voy á salir y traeré mi plato. 



— 16 — 



Luisa 
Eosakio 

Luisa 
Adela 

Luisa 
Gaspar 



Carlos 
Luisa 

EOS ARIO 

Luisa 
Adela 



Gracias primo. Te lo agradezco mucho y lo acepto. 

Y yo, si me lo permite Luisa, confeccionaré el mío. 
No sé si le gustará á ustedes. 

¿Por qué no, mi querida amiga? 
Pues á mí, Luisa, sólo me resta pedir á Dios, para ti, 
muchos años de ventura. 
Gracias, mis buenos amigos. 

(con mucha alegría.) ¡Ea! pues, á tirar la casa por la ven- 
tana, y puesto que Dios quiere que disfrutemos, á 
disfrutar. 

Ha3ta ahora, (sevaporelforo.) 

Adiós Carlos. Rosario, con toda libertad, manda lo 
que quieras á la cocinera. 

V oy. (s e va por la segunda derecha.) 

Y tú, Adela, ahí tienes el oratorio (Le indica la segunda 
izquierda.) Si quieres.... 

Sí, voy a pedir á Dios, por tu felicidad (Aparte) Y por 
la suerte de Carlos, (se va por la izquierda.) 



ESCENA IV 



LUISA y GASPAR 



Luisa Escucha Gaspar, estamos solos y tengo que hablarte. 

Gaspar Di lo que quieras, Luisita. 

Luisa Yo no te hubiese dicho nada de esto, pero... 

Gaspar Vamos, habla hija mía. ¿Qué ocurre? 

Luisa No sé como decírtelo. ¿Qué te parece mi primo Carlos? 

Gaspar ¿Qué me parece? Pues, un militar modelo que hará 

carrera; ¡vaya si la hará! 
Luisa No, no es eso lo que te pregunto. Es que.... qué te 

parece como para.... 
Gaspar ¿Como para qué? 
Luisa Como para marido, vamos. 

Gaspar ¿Qué me ha de parecer? Excelente. La que se lo lleve 

ya puede darse por satisfecha ¡Ya lo creo! 
Luisa Pues yo.... yo estoy enamorada de él. 



— 17 — 

Gaspar ¿Sí, Luisita? ¡Qué me alegro! ¡Qué me alegro! ¿Pero él 
lo sabe? 

Luisa No, no sabe nada. 

Gaspar (con mucha alegría.) ¿Casarse ustedes? ¡Qué mayor felici- 
dad! ¡Ver unidos á mis niños! 

Luisa Te diré. Pero viene alguien y.... luego te llamaré, (se 
va por la primera derecha.) 



ESCENA V 



-ROSARIO y GASPAR 



Pues si él no lo sabe, yo haré que lo sepa, 
(saliendo por la segunda derecha.) No hay nadie. Gaspar, 
óyeme. 

¿Qué quieres, Rosarito? 

(con alegría.) Que tengo que decirte un secreto. 
¿Sí, monina? Pues dilo, dilo. 
¿Sabes quien es Carlos? 
¿Que si sé quien es Carlos? Ya se vé. 
Pues no lo sabes, para que veas. 
¿Que no lo sé? 
No, no y no, eso. 
Vamos, tú estás soñando. 

No estoy soñando. Cállate y no digas nada. (Bajándola 
voz.) Es el que me siguió en Valencia. 
(Aparte, muy apurado.) ¡Ay Dios mío de mi alma! (Alto.) 
¿Estás segura? 

¡Segurísima! ¿Ves como no lo sabías? 
¿Y tú lo... quieres.... no es eso? 

¿Que si lo quiero? No se me ha olvidado desde en- 
tonces. 
¿Pero él...? 

No sabe nada, ni creo que ahora me ha conocido. 
De modo que sientes un verdadero cariño. 
Como no podré sentirlo por nadie. 
¡Vaya por Dios! 

3 



— 18- 

RoSARlO ¿Por qué dices eso? ¿No merece Carlos que se le quie- 
ra? ¿No es digno quizás? Habla, Gaspar, habla. 

Gaspar (Aparte.) ¡Qué compromiso, Virgen Santa! (aiío.) No, do 
es eso Rosarito. Carlos es muy digno de que se le 
quiera. ¡Vaya si lo es! Pero.... 

Rosario (con ansiedad.) ¿Pero qué? 

Gaspar Como él do coooce tu cariño, si por casualidad estu- 
viese ya enamorado.... 

Rosario (con ansiedad.) ¿De quién? ¿De quién? 

Gaspar No hija. Esto es una suposición. Te lo aseguro. 

Rosario (con pena.) Si Carlos estuviese enamorado de otra, yo 
sería muy desgraciada, (saca el pañuelo y figura secarse una 
lágrima.) 

Gaspar (Aparte.) ¡Pobrecita mía! ¿Y qué la digo yo, Dios mío, 

qué la digo? 
Rosario Después te seguiré hablando; no quiero que noten.,.. 

(Se va por la segunda derecha.) 



ESCENA VI 



ADELA y GASPAR 



Gaspar ¡Las dos! ¡las dos! ¿Cómo aconsejar á una en perjui- 
cio de la Otra? (Queda pensativo.) 

Adela (saliendo por la izquierda.) ¡Gaspar! ¡Gaspar! 

Gaspar Adeiita, hija mía. 

Adela ¿Qué te pasa? Parece que estás triste. ¿Es quizás por 
la marcha de Carlos? 

Gaspar Tal vez influya eso. Cuando se tienen muchos años todo 
impresiona doblemente. (Aparte.) ¡Dios mío, las dos! 

Adela Pues yo voy á decirte una cosa y me parece que será 
una alegría para tí. 

Gaspar ¿Sí? 

Adela Es un secreto. 

Gaspar (Muy sobresaltado.) ¿Qué has dicho? ¿Un secreto? 

Adela (Bajando un poqoía voz.) Sí, mira, yo... 

Gaspar Basta, hija mía, basta. Ya sé lo que es. 



19 — 



Adela 
Gaspar 
Adela 
Gaspar 



Adela 

Gaspar 

Adela 

Gaspar 

Adela 

Gaspar 

Adela 
Gaspar 
Adela 
Gaspar 

Adela 
Gaspar 



Adela 
Gaspar 



¿Sí? 

Que estás enamorada de Carlos, 
(con extraüeza.) ¿Pero cómo lo has averiguado? 
Yo tengo mucha penetración, mucha penetración, y 
no quisiera tener tanta, puedes creerlo. (Aparte.) ¡Las 
tres! No faltaba más que esto. 
Pues, sí, Carlos es el joven de la reja del convento. 
Conque el de la reja. 
El mismo. ¿Has visto qué coincidencia? 
Sí, hija, ya he visto la coincidencia. 
Tú te alegrarás de ello, ¿no es cierto? 
(Distraído.) Sí, mucho, mucho. (Aparte) ¡Dios mío, Dios 
mío, también ésta! 

El no sabe nada, ni nada me ha dicho, pero... 
¿Conque no sabe nada tampoco? 
No. No vayas tú á decírselo. 

Descuida, hijita, descuida. (Aparte.) ¡Qué he de decir 
yo!... 

Te noto muy distraído y algo preocupado, Gaspar. 
(Titubeando.) Es que... como tengo que estar en todo... 
y dar las órdenes para el buen régimen de la casa, y 
como mi cabeza por les años no está muy firme, siem- 
pre estoy pensando no se me olvide algo. Y como hoy 
es el día de Luisita y hay que celebrarlo... no sé si 
esa cocinera... 

Pues por mi causa no te detengas. Después seguire- 
mos hablando. 

Sí, sí. (Aparte y apurado.) ¡Qué conflicto, Dios mío! ¡Las 
tres! (se va por el foro)- 



ESCENA VII 

ADELA y LUISA 



LUISA (saliendo por la primera derecha.) ¿Te gusta mi oratorio, 

Adela? 
Adela Es muy bonito. Dichosa tú que puedes tenerlo. 



-20 — 

LuiSA Todo está construido en París. Hay allí tan buen gus- 

to para todo. Vino tal como está. No ha habido más 
que colocarlo. 

Adela Pero aquí también los hacen. 

Luisa Sí, pero no resultan. Aquí lo hubiese tenido por la 

mitad de lo que ese costó; pero he preferido mandar 
por él. (se sientan.) 



ESCENA VIII 



DICHOS y ROSARIO 



Rosario 

Luisa 
Rosario 
Luisa 
Rosario 

Luisa 

Rosario 

Luisa 

Rosario 



Adela 

Rosario 

Luisa 

Rosario 

Adela 
Luisa 



(Saliendo por la segunda derecha y en tono de disgusto.) Nada, 
nada; con eso sí que no me conformo. ¡Vaya! 
¿Pero qué es eso, Rosario? ¿Qué te sucede? 
Pues, una niñada, quizás; pero nada, no, no transijo. 
Veamos lo que es. 

(con algún enojo.) Pues tu cocinera, que se empeña en 
poner un nombre francés al plato que estoy haciendo, 
(sonriendo.) ¿Y eso qué tiene de particular, muchacha? 
Así debe ser. 

¿Que así debe ser? ¿Por qué? 

Porque es más elegante y además es la costumbre. 
¿Pero no es más claro en español? Mira que decir: 
Salmi de perdreaux. Digo, yo creo que eso es lo que 
me ha dicho. 
¿Y eso qué es? 

¿Lo ves, Luisa? Adela tampoco lo sabe. 
En toda mesa elegante, el menú, la lista, se pone en 
francés. 

Para que se queden en ayunas todo3 los que no sabe- 
mos ese idioma. 
Tiene razóu Posario. 
Hacer lo contrario es de mal gusto. 



— 21 — 

¡Qué afán de imitar á los franceses! ¿Ponen ellos sus 
comidas en español? No, ¿es verdad? Pues ya que se 
trata de imitarlos, pongamos las nuestras en nuestra 
lengua. 

(cogiendo un diario.) Después de todo, eso tiene poca im- 
portancia, mujer. 

(Sentándose cerca de Adela.) No puedo con esa costumbre. 
Oigan ustedes. Aquí viene la noticia de la marcha de 
Carlos á Cuba. 

(Levantándose y acercándose á Luisa.) ¿Sí? ¿A ver cómo dice? 
(Leyendo.) "Dentro de pocos días se embarcará en Cádiz 
con rumbo á Cuba el bizarro teniente de artillería don 
Carlos Fernández, quien ha tenido la suerte de que 
le corresponda irá pelear por su patria. Como sabía- 
mos que este era el deseo de tan digno militar, damos 
á nuestro buen amigo la enhorabuena y le deseamos 
conquiste grados y laureles en aquellos campos de 
batalla." 

Ay, qué bien puesto está eso. (coge ei diario ) 
Verdad. 

(Leyendo.) "Bizarro teniente." No, lo que es una figura 
arrogante lo es. ¡Vaya si lo es! (pausa)- 
(con tristeza.) ¡Pobre primo! ¡Con cuántas cosas tendrá 
que luchar! (pauso)- 
¡Aquel clima tan funesto! 

Sí, dicen que hay muchas enfermedades... (pausa). 
(Levantándose repentinamente y paseando.) ¡Jesús! ¡C¿ue idea 
tau horrible! 

(Leyendo en el diario.) "Bajas ocurridas en el ejército de 
operaciones... Muertos en el campo..." Si Carlos... 
(Dejando el diario.) ¡Qué horror! 
(Aparte) ¡Virgen Santa, que no le pase nada! 
Amigas mías, pensé pasar un día delicioso, pero esta 
inesperada marcha de Carlos me ha puesto el ánimo... 
Verdad, Luisa. Si te parece no celebremos tu día. 
Eso sería un disgusto para él. Está tan contento... 
Ah, pues entonces no debe notar nuestra tristeza. 
¡Pobrecillo! 



— 22- 

ÁDELA Yo pediré por él. 

Luisa Sí, Adela, pídele á Dios durante su ausencia. 

Rosario Y yo, yo también le pediré. 



ESCENA IX 



DICHOS y CARLOS 



Carlos (por el foro con una cajita en la mano.) Ya estoy de vuelta con 

mi regalito. 
Luisa Muchas gracias, primo. Vamos averio que es. 

Carlos (Enseñando la caja.) Aquí está. La que lo acierte será la 

primera que lo pruebe. 
Rosario (con alegría.) Sí, eso, eso. 
Carlos Bueno. Pues empecemos. Puma, da un golpecito en 

la caja y adivina. 
LUISA (de un golpecito con la mano y dice con resolución.) ¡Dulces! 

Carlos Están, pero no es eso. Te has equivocado. Ahora, 

Adela. 
Adela (Dando el golpe.) ¿Melocotones? 
Carlos Tampoco. Es algo más pequeñito. Ahora te toca á tí, 

Rosario. 
ROSARIO (Estará algo retirada de Carlos. Dice con mucha curiosidad. ¡Ay! 

¿C¿ue serár ¿<q¿ue serár (Da una carrerita hacia Carlos y con la 

mano derecha cerrada da dos golpscitos en la caja, oliéndose la 

mano después de cada golpe, y exclama con alegría. ¡ J- & S6 lo 

que es! ¡Ya sé lo que es! 
Carlos ¿Sí? Pues dilo. 
Rosario ¡Presas! ¡Ay, qué ricas! 
Carlos Lo adivinaste y te corresponde la primera. Vaya. (Le 

preséntala caja abierta). 

Rosario (comiéndolas.) ¡Qué buenas están! 

CARLOS (Las ofrece á Luisa y á Adela, que también las comen.) Acaba- 
das de llegar. Se las daremos ahora á la.... 
Rosario ¿A la cocinera? (Asustada.) ¡Nó! 
Luisa ¿Por qué mujer? 



— 23 — 

Rosario (con mucha convicción.) Perqué las va á echar á perder. 

Las pondría en francés. 
Luisa ( Riendo.) Qué cosas tienes. 

Rosaeio Dámelas Carlos, (carios la entrega la caja.) Las dejaré en 

el comedor y daré una vuelta á mi plato, (sevaporiase- 

gunda derecha.) 



ESCENA X 



LUISA, ADELA y CARLOS 



Carlos 

Luisa 

Carlos 

Luisa 
Carlos 

Luisa 



Carlos 
Adela 

Carlos 
Adela 



Carlos 
Adela 
Luisa 
Carlos 

Luisa 



Luisa, ¿tú sabes lo que le pasa á Gaspar? 
No Carlos, ¿Qué le ocurre? 

No sé. Cuando entró estaba en el pasillo hablando solo 
con unas exclamaciones. 
¿Qué decía? 

Pues, con tono muy apurado ¡Las tres, Dios mío, las 
tres! 

¡Ah! vamos. Habrá dado esa hora y quizás tenga la 
cocinera atrasada la comida, y como el pobre quiere 
hoy esmerarse. 
Sí, eso será. 

Carlos, me vas á permitir que te haga un pequeño re- 
cuerdo, pero con, una condición. 
Tú dirás, Adela, y aceptada desde luego, 
(sacando del bolsillo un escapulario, que entrega á Carlos.) Quiero 
que te coloques este escapulario y lo tengas puesto 
durante tu estancia en Cuba. 
Con muchísimo gusto te prometo que así lo haré. 
Muchas gracias. 

(Besando á Adela.) Qué buena eres, amiga mía. 
Luisa, voy al escritorio de tu padre á poner dos letras 
á un amigo de Cádiz, anunciándole mi marcha. 
Bien; y como se va acercando la hora de la comida, 
yo voy á mis habitaciones á variarme de traje. Adela 
si quieres venir. 



— 24 — 

Adela No. Deseo volver al oratorio. 

JLuiSA Lomo quieras, (carlosse va por el foro. Luisa' por la primera de- 

recha y Adela por la izquierda.) 



ESCENA XI 



GASPAR 

LtASPAR (sale por la puerta del foro, muy pensativo y se sienta en una bu- 
taca, haciendo durante una breve pausa movimientos de inquietud.) 
¡San Luís¡ ¡Sao Luís! ¡Santo bendito! Puesto que hoy 
es tu día, concede á este pobre viejo la inspiración ne- 
cesaria para resolver este conflicto. ¿Qué bago, Dios 
mío, qué bago? Y menos mal que Carlos no sabe UDa 
palabra de esto y creo que no se ha fijado en ninguna, 
al menos que yo sepa. Pero, ¿y si me equivoco? Y si 
me equivoco y Carlitos hubiera.... ¡Dios mío! tanto 
como quiero á mis niñas. Una sería feliz, pero, ¿y las 
otras? Y que no hay solución posible. Esto me deses- 
pera. Si pudiera casarlo con las tres.... ¡Benditos sean 
los moros que tienen la poligamia! (santiguándose.) ¡Je- 
sús! ¡María! y ¡José! Ya no se lo que me digo, (pausa.) 



ESCENA XII 



LUISA, ROSARIO, ADELA, CARLOS y GASPAR 



LUISA (Asomándose por la primera derecha, en voz baja, y ocultándose in- 

mediatamente.) ¡Gaspar! ven. 

KOSAEIO (La misma acción por la segunda derecha.) ¡Gaspar! ÜiSCUCna. 
(Le hace señas de que vaya.) 

Adela (l & misma acción por la izquierda.) ¡Gaspar! Óyeme. 

Gaspar (Muy apurado ) ¿A cuál, Dios mío? 

Carlos (Entrando por el foro.) Gaspar, tengo que hablarte. 



25 - 



ESCENA XIII 



CARLOS y GASPAR 



Vamos á ver, hijo mío, ¿Qué tienes que decirme? 
Necesito un consejo tuyo, buen viejecito. 
¿Yo aconsejarte, Carlos? No eres ya ningún niño y 
tienes talento suficiente para saber obrar en este mun- 
do. Yo, en cambio, no soy más que un pobre viejo sin 
ilustración alguna y cuya cabeza anda ya bastante 
mal; puedes creerlo. 

No obstante eso, me falta la experiencia que á tí te han 
dado los años; y por lo tanto, tú me aconsejarás y yo 
debo hacer lo que tú me digas. 

B: eno, si te empeñas.... (Aparte.) ¡Qué sospecha, Dios 
mío! 

Gaspar, tú sabes que yo no tengo familia; que desgra- 
ciadamente mis padres murieron hace algunos años, 
y que no me queda á nadie en el mundo. 
Es verdad, hijo mío. 

Pues, bien, yo siento hoy necesidad de tener una afec- 
ción hacia alguien. Yo quiero, al marchar á Cuba, sa- 
ber que hay una pei'sona que se interesa por mí; que 
llore mi muerte, si ocurre, ó que me reciba en sus bra- 
zos al volver á España; lo contrario es para mí muy 
triste. Sí; Gaspar, yo necesito amar á una mujer. 
(Aparte.) Lo mismo que me figuré, (aiío.) Y bien, Car- 
los. ¿Yo qué puedo hacer? 

Escucha. Hay tres en esta casa, y con cualquiera de 
ellas seiía yo feliz. Las tres me gustan. Cada una tie- 
ne para mí un atractivo especial. Si yo lograse inte- 
resar á una, sería dichoso. 

¿Conque si lograses interesar á una? (Aparto. Con deses- 
peración.) ¡Pero si están las tres, Dios mío! 

4 



— 26 — 

Carlos ¿Tú sabes si ellas están ya enamoradas de alguno? 
Porque lo sentiría muchísimo. 

Gaspar (Distraído.) Y yo taml ién. 

Carlos Vamos, hombre, habla. 

Gaspar (Aparte.) ¿Y qué le digo? (Alto.) Mira Carlos, que yo 
sepa, ellas no tienen novio ninguna, ¿sabes? No están 
enamoradas de ningún otro ¿entiendes? Y creo que 
cualquiera... Y no puedo decirte más, porque mi ca- 
beza es una devanadera, y si siguiera hablando, de 
seguro diría muchos disparates, hijo mío, muchos dis- 
parates, (se va por el foro.) 



ESCENA XIV 



CARLOS 



Carlos ¡Pobre viejo! En efecto, su cabeza ya no está muy 

firme. (Pausa. Se oye á Luisa cantar desde dentro un couplet fran- 
cés ó algunas frases de ópera.) Mi prima Luisa, es encanta- 
dora; qaé trato tan exquisito, qué elegante y qué dis- 
tinguida, (paseando, se dirige hacia la segunda puerta de la de- 
recha.) Verdaderamente sería feliz. (g e detiene delante de 
la segunda derecha al oir un pequeño ruido de platos.) ¡üosano. 
Tan sencilla. Es una monería. (Mirando hacia dentro.) Es- 
tá arreglando la mesa. Esta hará feliz á cualquiera. 
¡Ya lo creo! Una mujer de su casa. (pausa. Se dirige hacia 
el centro de la escena y figura que ve á Adela en el oratorio.) Pues 
¿y Adela? Es una santita, sería una madre de familia 
modelo. No sé. Dios mío. ¿Cuál délas tres? (Asomándo- 
dose al balcón.) ¡Qué hermosa tarde! ¡Qué cielo tan des- 
pejado y tan azul! Pronto dejaré de verte y ¿quién 
Sabe;' (Figura al cerrar el balcón que se le engancha la manga déla 
guerrera en un clavo de la puerta.) ¡Demonio de clavito! Me 
ha roto la guerrera. 



- 21 - 



ESCENA XV 

LUISA y CARLOS 

(por la primera derecha.) ¿Estabas ahí, Carlos? Yo creí que 
estabas escribiendo, como digistes... 
Sí, pensó hacerlo, pero creo que será mejor poner un 
telegrama á mi amigo y no le he escrito. ¡Qué hermo- 
sísima estás, prima mía! 

(Dirigiéndose hacia el halcón.) Eres muy galante, Carlos. 
No te hago más que justicia. (Aparte y mirándose el brazo.) 
¡Demonio de manga! 

(Asomándose al balcón.) Hace un tiempo delicioso, y este 
balcón tiene unas vistas tan bonitas. 
(Distraído, mirándose el roto de la manga.) ^ D erecto. 



ESCENA XVI 
DICHOS y ADELA 

(saliendo del oratorio.) ¡Ah! Carlos ¿Estás Solo? 
No, con Luisa. 

Adela, mira qué animación en la calle. 
(Acercándose.) Es verdad; ¡cuánta gente! 
(Preocupado con la manga y aparte.) J- q ue se ve a leguas. 
(Retirándose del balcón.) Vén, Adela, vamos á pregun- 
tarle á Gaspar si está todo arreglado, porque va sien- 
do hora de comer, (se van las dos por el foro). 



ESCENA XVII 

ROSARIO y CARLOS 

Carlos (ai verlas marchar.) ¡Vayan dos mujeres! Yo necesito de- 
cidirme. Basta de vacilaciones. 
R0Sx\RI0 (saldrá corriendo por la segunda derecha.) rNo están aquí? 



— 28- 

Carlos ¿Quiénes? 

Rosario Luisa y Adela. 

Carlos Acaban de irse por allí, pero estoy aquí yo. 

Rosario Ya te veo. Pues venía á decirles que ya está mi pl ato 

Lo he dejado á fuego lento. 
Carlos Y adornada la mesa. Ya te he visto desde aquí. 
Rosario No sé si te gustará, pero yo no sé hacerlo mejor. 
Carlos ¿Por qué no me ha de gustar? (Aparte, Mirándose el brazo.) 

¡Qué fastidio de clavito! 
ROSARIO (observando la acción de Carlos.) ¿Pero qué tienes en ese 

brazo? 
Carlos Que se me ha roto la manga con un maldito clavo. 
Rosario ¿A ver? ¿A ver? ¡Qué atrocidad! Espera, que yo no te 

puedo ver eso así. (se dirige hacia el sofá y se sienta). 

Carlos ¿Qué vas á hacer? 

Rosario Pues cosértelo. Ven acá. (saca del bolsillo hilo y aguja y se 

prepara para coser)- 

Carlos (con estrañeza.) ¿Pero tú traes en el bolsillo...? 

ROSARIO ¡Sí, hijo! Siempre. Figúrate que voy de paseo; se me 
engancha el traje en cualquier parte y se rompe; pues 
tendría que volverme á casa, y así... 

Carlos Ledas unas puntaditas y continúas tu marcha. 

Rosario Eso. Acércate y venga ese brazo. 

CARLOS (Colocándose por detrás del sofá le presenta el brazo.) -Loma. 
(Aparte.) Vaya una mujer dispuesta. (Rosario empieza á 
coser.) (Alto.) Sabes, Rosario, que aunque de niña eras 
muy bonita, ahora vales mucho más... 

Rosario (con sencillez.) Pues mira, si te he de ser franca, tú tam- 
bién vales ahora más. ¡Ya lo creo! 

CARLOS (Haciendo un movimiento.) ¿De veras? 

Rosario Pero no te muevas tanto, porque no puedo coser. 

Carlos Es verdad: perdona. 

Rosario (Levantándose repentinamente.) ¡Ay, ay, ay! me parece que 
huele á... Espera, Carlos, que voy á la cocina, (clávala 
aguja con que está cosiendo en el respaldo del sofá, dejando á Carlos 
sujeto por el hilo, y corre y se va por la segunda de la derecha )• 



— 29 — 
ESCENA XVIII 

CARLOS 

Carlos ¡Vaya por Dios! Me ha dejado sujeto. Preso, (pausa.) 
¡Qué monísima es... y qué prevenida! 

ESCENA XIX 



ROSARIO y CARLOS 

ROSARIO (viene corriendo por la segunda derecha.) -No, no 16 pasa na- 
da. Eué ilusión mía; creí que se estaba quemando. 

Carlos (Aparte.) El que se está quemando soy yo. 

ROSARIO (sentándose en el sofá y con alegría al ver sujeto á Carlos.) ¡Ay' 
que te dejé preso, que te dejé preso. 

Cáelos Preso, porque muchas veces sujeta un hilo más que 
una cadena. 

ROSARIO (con sencillez.) ¿Sí, Carlos? (vuelve á coser). 

Carlos Sí, Rosario. Y ahora me ocurría á mí eso. Por nada 
del mundo hubiese yo roto ese hilo. 

Rosario Pues no es tan fuerte. 

Carl< s (Moviéndose.) ¿Tú qué sabes? 

Rosario Y dale con tanto moverte. Mira que te voy á clavar 
la aguja sin querer. 

CARLOS Pero si... (vuelve á moverse). 

Rosario ¿Lo ves? Ya te la clavé. 

Carlos Verdad, que me has herido. 

Rosario Tú has tenido la culpa. 

Carlos (con gravedad cómica.) Ninguna de las heridas que pueda 
recibir en el campo de batalla podrá hacerme el daño 
que ésta. 

Rosario (Algo apurada.) ¿Pero ha sido mucho? ¿A ver? 



-80 — 

Caelos (Enseñándole la mano.) ¡Mira! ¡Sangre! ¡Sangre! 
Rosario Pero si no es más que una gota. (Dándole en la mano un 

golpe con la suya.) Anda, que me has asustado. 
Cáelos Y, sin embargo... 
ROSAEIO (como recordando y con alegría.) ¡A.h! Ya me la pagastes, ya 

me la pagastes. 
Cáelos ¿Qué, Rosario? 
Rosaeio ¿Te acuerdas, cuando niña, con el sablecito de hoja 

de lata la que me hiciste en el brazo? 
Cáelos Es cierto. 

Rosario Bueno. Pues ya estamos en paz. Eso. 
Cáelos Y mira qué coincidencia, los dos con la misma clase 

de armas: Con AEMA BLANCA. 

(Pausa durante la cual se miran dos ó tres veces y se sonríen.) 
Rosario; ¿sientes mucho mi marcha? 

JxOSAEIO (Hace dos movimientos de cabeza afirmativos y dice con alguna 
intención.) Un poquito, Carlos. 

Cáelos No, lo que es aquello no ofrece muchos atractivos, que 
digamos. Por todas partes estaré rodeado de enemi- 
gos. El clima, los insurrectos... Después de todo, de 
algo se tiene que morir. ¿Verdad, Rosario? 

Rosario (con sentimiento.) ¡Av! No digas eso. 

Cáelos ¿Por qué? Eigúrate que recibiera un balazo en la ca- 
beza. Pues ya acabó todo. 

Rosaeio ¡Jesús! ¡Qué atrocidad! (con pena.) Carlos, parece que 
te estás gozando en afligirme. 

Cáelos ¿Sentirías de verdad mi muerte? 

Rosario (nuy afligida.) Muchísimo, muchísimo. 

Cáelos (Aparte.) ¡Bendita seas! (aiío.) No te apures. 

Rosaeio Bueno; pues no me digas más esas cosas. 

Cáelos Óyeme, Rosario. Que yo voy contento á Cuba, bien lo 
sabes, pero de tí depende que mi alegría fuese mayor, 
mucho mayor. 

Rosaeio ¿Y cómo? 

Cáelos Si tú te acordaras de mí. 

Rosaeio ¿Nada más que eso? ¿Y eso quién lo duda? Si desde 
hace dos años me estoy acordando. (Aparte.) ¡Ay que 
se me escapó! 



— 31 — 

Cáelos (con estrañeza.) ¿Desde hace dos años? ¿Pero tú me has 
visto? 

ROSARIO (Hace signos afirmativos con la cabeza y después dice.) En va" 
lencia. Tú eres el que no me recuerdas ya. 

Cáelos (Aparte.) Pues es verdad, (auo.) Y no llegué á hablar 
contigo. 

Rosario Sí, pero... apesar de eso.... 

Carlos (con alegría.) ¿M& quieres? ¿No es cierto? 

Rosario (Bajando la cabeza con rubor.) Sí, Carlos. No puedo ocul- 
tarlo. 

Cuando niño, jugando, te hice tenienta, y hoy... 
(sonriendo y mirando á Carlos.) ¿También me haces te- 
nieuta? 

Carlos (con mucha alegría.) Con toda mi alma. 



ESCENA XX 



DICHOS: LUISA y ADELA 



Luisa (saliendo con Adela por el foro.) Ya vamos á la comidita, 
amigos míos. 

Carlos Querida prima, amiga Adela. Hoy es un día alegre 
por todos conceptos y voy á dar á ustedes una nueva 
noticia, que de seguro les ha de agradar en extremo. 

Luisa ¿Sí, primo? 

Adela ¿Qué es ello? 

Carlos Para en el caso de mi regreso feliz de la isla de Cuba, 
anuncio desde luego á ustedes mi matrimonio con 
vuestra buena amiga Rosario Gómez. 
(Aparte.) ¡Dios mío! 
(Aparte.) Virgen Santa! 

(Esforzándose para ocultar el sufrimiento.) Pues doy a uste- 
des mi más cordial enhorabuena. 
Lo mismo digo. 

(Acercándose á las dos y con alegría.) ¿Saben ustedes quién 
era el de Valencia? Pues Carlos. 



— 32 



ESCENA ULTIMA 



TODOS 



Gaspar 
Rosario 



Gaspar 

Cáelos 

Gaspar 

Carlos 

Gaspar 



Luisa 
Adela 

Gaspar 

Carlos 



(por el foro con alegría.) ¡Niños! A la mesa. A la mesa. 
(Aparte. A Gaspar.) Sabes que Carlos me quiere. Ya me 
lo ha dicho, y me casaré con él, cuando vuelva de la 
guerra. 
¿Sí, hija mía? 

Gaspar. ¿Dices que está la comida? 
Sí, hijo, sí; ¿vamos? 

(con alegría.) Pues á celebrar nuestra comidita. 
Carlos, saca la espada, (carios ejecuta la acción.) ¡Escua- 
drón! ¡Dos en fondo! ¡Al galope! ¡Ar! (carlos y Rosario 
uno al lado del otro se dirigen hacia la segunda derecha y se van. 
Gaspar figura con la mano una corneta y tararea el toque de artillería. 
Luisa y Adela permanecen quietas y pensativas. Gaspar al verlas.) 
¿Vamos niñas? 

(Acercándose á Gaspar por un lado y aparte.) Gaspar, yo me 
siento indispuesta. 

(Acercándose á Gaspar y aparte.) Gaspar, yo no tengo ape- 
tito. 

(con pena.) ¡Dos, que no juegan! 

(Desde dentro con voz fuerte.) ¿Pero ese corneta..? (Gaspar tara- 
rea entrecortado por la emoción el toque de artillería y se dirige hacia 
la segunda derecha. Luisa y Adela le siguen lentamente.) 



TELÓN 



NOTA. — Sería un ingrato si no hiciere público mi. agradecimiento al señor 
Palmada, Director de la Compañía, por el esmero y cariño que puso en la pre- 
sentación escénica de esta comedia, y á todos los periodistas sevillanos por los 
favorabilísimos juicios críticos que emitieron con motivo del estreno. 

G. Y M. 
OTRA. — El actor que se encargue de representar el personaje Carlos de 
esta obrita, podrá vestir también el uniforme de teniente de caballería. 

El Autor. 



DEL MISMO AUTOR 



LOS GEMELOS, juguete cómico en un acto y en prosa. 
Á SOLAS CON TODO EL MUNDO, monólogo cómico 

en prosa. 
LOS MONIGOTES, juguete cómico en un acto y en prosa 

(2. a edición.) 
LOS CARCAMALES, juguete cómico en un acto y en prosa. 
SATURNO, juguete cómico en un acto y en prosa 
PARA LAS ÁNIMAS, comedia en un acto y en prosa. 



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